En mis años de experiencia como violinista y, más tarde, como conferenciante, he podido comprobar que hay “rituales”, costumbres o simplemente actos inconscientes que convendría que evitaras hacer antes de salir al público ya que interfieren y mucho, en el resultado final de tu exposición o concierto.

Así que en este artículo me he propuesto contarte algunas cosas que bajo ningún concepto debes hacer. Verás que lo que te cuento te sonará y sería bueno que hicieras caso de los consejos que te doy para que empieces a cambiar el resultado de tus intervenciones públicas.

Vamos allá:

No seas el “public relation”

Algo que todos, absolutamente todos, solemos hacer cuando estamos esperando nuestro turno en un examen u oposición es deambular por la sala charlando con uno y con otro, preguntando al que acaba de salir “¿Cómo te ha ido?, ¿el tribunal estaba receptivo? ¿te has puesto nervioso?…”o intentando descubrir si tu compañero va mejor o peor preparado que tú, si está atacado de nervios, si tiene algún enchufe… un sinfín de preguntas con la esperanza de entrever o adivinar qué resultado vas a tener tú, si te vas a poner nervioso, si el tribunal estará más receptivo… Nos comparamos y nos ponemos a pensar como unos locos en cómo nos irá, nos imaginamos posibles escenarios y resultados y ya nos vemos como triunfadores o como perdedores. 

Pero, como en estas situaciones, somos tan catastrofistas, en seguida nos tememos lo peor, independientemente de la respuesta que nos hayan dado. Si nuestro compañero nos dice que le ha ido genial, pensamos…”vaya, qué suerte, yo no sé si estaré a la altura…”. Si le ha ido fatal diremos “jo…y eso que este parecía que iba bien preparado… qué me va a pasar a mi?…”. Si nos dice que el tribunal estaba poco receptivo o aburrido pensamos…”vaya, y ahora voy yo… estarán medio dormidos y ni me escucharán…” como ves,  infinitas situaciones y posibles resultados que lo único que hacen es liarte y ponerte más nervioso aún, si es posible.

Luego están los que te aconsejan, sobre todo en el ámbito de charlas y conferencias, que te acerques al público antes de empezar, que entables conversación con unos cuantos porque así, cuando empieces la conferencia te resultará más fácil hablar a alguien conocido que no a desconocidos. Pero, ¿te imaginas en el escenario ante cientos de personas sentados en la penumbra de la sala y tú buscando a esas dos o tres personas que acabas de conocer, de quienes ni si quiera recuerdas el color de la ropa, para mirarles a los ojos y hablarles a ellos? Uff a mí, sólo el imaginar la situación ya me estresa...

Así que yo te aconsejo que no hables con nadie. Si es posible mantente al margen de comentarios, preguntas, rumores, chascarrillos… de todo lo que está ocurriendo por allí. Aíslate. Busca un cuarto, una sala en la que puedas estar solo y si no puede ser, vete a un rincón. Todos pensarán que eres un bicho raro. Pues vale. Tú allí. Concéntrate en lo que vas a hacer. Repasa mentalmente tu discurso, visualiza, respira, relaja… no dejes que nada ni nadie te moleste en los momentos previos a tu salida al escenario. 

Recuerdo que M. Phelps, el medallista olímpico en natación, salía a la piscina con unos enormes cascos en la cabeza escuchando música y no miraba a nadie. Andaba con la cabeza baja y centrado en sí mismo. Y la verdad es que no le iba nada mal.

Pues eso, imita a los grandes, que si lo son es por algo más que por suerte.

Evita las prisas, no son buenas consejeras…

Una vez, hace ya unos añitos, me disponía  a hacer unas pruebas para un trabajo. Eran en Palma y aunque había estado ya allí, no conocía la ciudad. Siendo precavida reservé vuelo y hotel para un día antes y así no ir con prisas. Llegué a la ciudad y busqué el hotel. Para mi sorpresa, el hotel estaba en un pueblo, no en la ciudad. Primer contratiempo. Pregunté en recepción cómo llegar a Palma al día siguiente, le expliqué mi situación y muy amablemente me dijeron que: “en autobús llegarás a tiempo. Lo coges a las 8, te bajas en tal parada y ya tienes cerca tu destino. Tardarás 30 minutos, no más”.

Así lo hice. Me levanté temprano, cogí el bus antes de las 8 y me fuí directa pensando que como muy tarde llegaría a las 8:30 u 8:45. Estaba citada a las 10 así que tenía tiempo suficiente para repasar, relajarme, respirar….todo esto que te he dicho antes.

Bueno, pues llegué a las 10 al auditorio!!!! ¿Te lo puedes creer? ¡¡¡A las 10!!! Sin tiempo ni para respirar… En fin, luego todo fue un desastre. Iba todavía con la prisa en el cuerpo, sin poder centrarme, repasar y no lo hice nada bien. Pero aprendí que esa sería la primera y la última vez que llegaría tarde.

Desde ese día cuando voy a dar un concierto o una conferencia acudo siempre una hora y media antes. ¿Tan pronto? dirás… Sí. Es Necesario repasar el texto o la partitura y en el caso de la conferencia, asegurarme de que todo funciona perfectamente.

Bueno… habría que hablar de unas cositas más pero ya me he extendido mucho. Lo dejo para otra entrega.

Ahora te invito a que me cuentes tus aventuras. Me gustaría saber tus experiencias.

Hasta pronto. 

Noemí Feliu Abad, incansable defensora de la Felicidad como Estilo de Vida

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